HACE FALTA UN CRISTIANO…

HACE FALTA UN CRISTIANO

Te has acostumbrado a ser como eres. Ya todo te parece normal. A todo le quitas importancia. A bulto reconoces que tienes defectos, pero no sabes decir en concreto cuáles son tus fallos. Te lo dejas pasar todo. Ni vigilas para evitarlos, ni reaccionas contra ellos al advertirlos. Hasta te quedas tranquilo viendo que eres corriente, como todos, incluso mejor que muchos.

Total, acabas teniéndote por bueno. Vives, por tanto, engañado, dormido. Es, pues, imposible que adoptes una postura sincera ante Dios, ante los demás, ante ti mismo. Vives en falso.

La consecuencia primera es que no trabajas seriamente por cambiar, por mejorarte. Tu relación con Dios o se apagará del todo o será rutinaria e incoherente. Por ejemplo: ¿de qué pedirle perdón, si no has hecho nada malo o no sabes qué?¿Para qué pedirás la fuerza de su gracia, si no hay nada que mejorar? ¿Qué sentido pueden tener entonces para ti la oración y los sacramentos?

Esa falta de conocimiento propio viciará también tu relación con los demás. Al no ver tus fallos, pero sí los suyos, aumentarán los conflictos y será imposible resolverlos. Sólo sabrás dar culpa a los otros y exigirás que cambien.

No serás por eso verdaderamente honrado cuando pretendas que los demás se mejoren, aunque se trate de tus hijos. Lo honrado sería poner más empeño en mejorarte a ti que a los demás. Tu vida quedará así llena de mil cosas que te afean a los ojos de Dios y de los demás. Sólo tú te das el visto bueno. En una palabra, tu vida no es cristiana más que de nombre.

Y, naturalmente, el panorama que presentamos un conjunto así es de pena. Cristianos de nombre, paganos de vida. Para vergüenza de Cristo y para vergüenza nuestra nos llamamos cristianos. Estamos desprestigiando al cristianismo y convenciendo a todos de su inutilidad. ¿Para qué puede servir el cristianismo si deja las vidas sin tocar?O empezar a vivirlo de verdad, o dejar de llamarnos cristianos y de aparentarlo.

¡Hace falta un cristiano! Hace falta en la familia. Hace falta en la empresa… Hace falta en la escuela… Hace falta en el arte, en la política, en la literatura… en todas partes.Pero hace falta un cristiano entero. Y no se puede sustituir por nada.¿Cómo lograremos despertar nuestra conciencia dormida?

¿Te has fijado lo fácil que resulta ver los fallos en los demás? Los tenemos ante los ojos y nos molestan. Se trata, pues, de mirar de frente nuestros propios fallos. Nos sentiremos molestos y querremos cambiar.

A eso quieren ayudarte estas páginas. Pueden servirte de espejo. Al verte manchado, no rompas el espejo. Sé valiente y empieza a limpiar.

¿Cuál es tu rostro? Debería ser el de Cristo. Desde el bautismo eres como Él hijo de Dios. El cristiano es otro Cristo. Tu vida ha de ser, por eso, una copia de la suya. Debes tener su mismo rostro: sus virtudes. Pero esa vida del bautismo se te dio en germen, sin desarrollar. Has de ir arrancando los vicios, que es la siembra que dejó en ti el pecado original, y has de desarrollar las virtudes, que es la siembra del bautismo, hasta que Cristo quede formado en ti.

El bautismo hizo un injerto de Vida Divina en ti. Cuando un labrador tiene en el campo un árbol con mucha vitalidad, pero cuyos frutos no le satisfacen, le hace un injerto, y ese árbol empieza a dar frutos sabrosos.

Nosotros, tal como quedó la naturaleza humana después del pecado original, sólo hubiéramos producido frutos desagradables. Con el divino injerto del bautismo quedamos hechos una misma cosa con Cristo. Podemos y debemos dar sus mismos frutos.

¿Cuáles tendrían que ser estos frutos? Una vida de fe, de esperanza y de caridad desarrolladas hasta el máximo. Es una manera nueva, diferente y sabrosa de vivir y enfocar todos los aspectos de nuestra vida personal, laboral, familiar, social… Es adoptar ante Dios, nuestro Padre, y ante los hombres, nuestros hermanos, la misma actitud de Jesús. Es enfocar, como Él, todos nuestros deberes, trabajos, sufrimientos, alegrías… Es lograr, a la vez, nuestra perfección, nuestra felicidad, la gloria de Dios y la transformación de la sociedad, en la medida que depende de nosotros.

Empieza a estudiarte. Irás viendo si tu vida es o no verdaderamente cristiana. Se despertará tu conciencia dormida. Y aunque te veas muy lejos de ser este cristiano que hace falta, no te desanimes. Al final veremos cómo puedes arrancar tus vicios y desarrollar tus virtudes.

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