Mi admiración por Benedicto XVI

 Seguí siempre con gran interés las enseñanzas de Benedicto XVI. Gran teólogo  y magnífico profesor universitario. Si tenéis unos minutos, leed esta joya de alabanza a las MATEMATICAS.

Santo Padre, soy Giovanni, tengo 17 años, estudio en el instituto “Giovanni Giorgi” de Roma y pertenezco a la parroquia de Santa María, Madre de la Misericordia.

Le pido que nos ayude a entender mejor cómo pueden armonizarse la revelación bíblica y las teorías científicas en la búsqueda de la verdad. A menudo nos hacen creer que la ciencia y la fe son enemigas; que la ciencia y la técnica son lo mismo; que la lógica matemática lo ha descubierto todo; que el mundo es fruto de la casualidad; y que si la matemática no ha descubierto el teorema-Dios es simplemente porque Dios no existe. Es decir, sobre todo cuando estudiamos, no siempre es fácil descubrir en todas las cosas un proyecto divino, inscrito en la naturaleza y en la historia del hombre. Así, a veces, la fe flaquea o se reduce a un acto sentimental. También yo, Santo Padre, como todos los jóvenes, tengo hambre de Verdad, pero ¿cómo puedo hacer para armonizar ciencia y fe?


El gran Galileo dijo que Dios escribió el libro de la naturaleza con la forma del lenguaje matemático. Estaba convencido de que Dios nos ha dado dos libros:  el de la sagrada Escritura y el de la naturaleza. Y el lenguaje de la naturaleza -esta era su convicción- es la matemática; por tanto, la matemática es un lenguaje de Dios, del Creador. Reflexionemos ahora sobre qué es la matemática:  de por sí, es un sistema abstracto, una invención del espíritu humano que como tal, en su pureza, no existe. Siempre es realizado de forma aproximada, pero, como tal, es un sistema intelectual, es una gran invención -una invención genial- del espíritu humano. Lo sorprendente es que esta invención de nuestra mente humana es realmente la  clave  para comprender la naturaleza, que  la  naturaleza  está realmente estructurada de modo matemático, y que  nuestra  matemática,  inventada por nuestro espíritu, es realmente el instrumento para poder trabajar con la naturaleza, para ponerla a nuestro servicio, para servirnos de ella mediante la técnica.

Me parece casi increíble que coincidan una invención del intelecto humano y la estructura del universo:  la matemática inventada por nosotros nos da realmente acceso a la naturaleza del universo y nos permite utilizarlo. Por tanto, coinciden la estructura intelectual del sujeto humano y la estructura objetiva de la realidad:  la razón subjetiva y la razón objetivada en la naturaleza son idénticas. Creo que esta coincidencia entre lo que nosotros hemos pensado y el modo como se realiza y se comporta la naturaleza, son un enigma y un gran desafío, porque vemos que, en definitiva, es “una” la razón que las une a ambas:  nuestra razón no podría descubrir la otra si no hubiera una idéntica razón en la raíz de ambas.

En este sentido, me parece que precisamente la matemática -en la que, como tal, Dios no puede aparecer- nos muestra la estructura inteligente del universo. Ahora hay también teorías basadas en el caos, pero son limitadas, porque si hubiera prevalecido el caos, toda la técnica sería imposible. La técnica es fiable sólo porque nuestra matemática es fiable. Nuestra ciencia, que en definitiva permite trabajar con la energía de la naturaleza, supone la estructura fiable, inteligente, de la materia.

Así, vemos que hay una racionalidad subjetiva y una racionalidad objetiva en la materia, que coinciden. Naturalmente, ahora nadie puede probar -como se prueba con experimentos, en las leyes técnicas- que ambas tuvieron su origen en una única inteligencia, pero me parece que esta unidad de inteligencia, detrás de las dos inteligencias, es realmente manifiesta en nuestro mundo. Y cuanto más podamos servirnos del mundo con nuestra inteligencia, tanto más manifiesto será el plan de la Creación.

Por último, para llegar a la cuestión definitiva, yo diría:  Dios o existe o no existe. Hay sólo dos opciones. O se reconoce la prioridad de la razón, de la Razón creadora que está en el origen de todo y es el principio de todo -la prioridad de la razón es también prioridad de la libertad- o se sostiene la prioridad de lo irracional, por lo cual todo lo que funciona en nuestra tierra y en nuestra vida sería sólo ocasional, marginal, un producto irracional; la razón sería un producto de la irracionalidad. En definitiva, no se puede “probar” uno u otro proyecto, pero la gran opción del cristianismo es la opción por la racionalidad y por la prioridad de la razón. Esta opción me parece la mejor, pues nos demuestra que detrás de todo hay una gran Inteligencia, de la que nos podemos fiar.

Pero a mí me parece que el verdadero problema actual contra la fe es el mal en el mundo:  nos preguntamos cómo es compatible el mal con esta racionalidad del Creador. Y aquí realmente necesitamos al Dios que se encarnó y que nos muestra que él no sólo es una razón matemática, sino que esta razón originaria es también Amor. Si analizamos las grandes opciones, la opción cristiana es también hoy la más racional y la más humana. Por eso, podemos elaborar con confianza una filosofía, una visión del mundo basada en esta prioridad de la razón, en esta confianza en que la Razón creadora es Amor, y que este amor es Dios.

HACE FALTA UN CRISTIANO…

HACE FALTA UN CRISTIANO

Te has acostumbrado a ser como eres. Ya todo te parece normal. A todo le quitas importancia. A bulto reconoces que tienes defectos, pero no sabes decir en concreto cuáles son tus fallos. Te lo dejas pasar todo. Ni vigilas para evitarlos, ni reaccionas contra ellos al advertirlos. Hasta te quedas tranquilo viendo que eres corriente, como todos, incluso mejor que muchos.

Total, acabas teniéndote por bueno. Vives, por tanto, engañado, dormido. Es, pues, imposible que adoptes una postura sincera ante Dios, ante los demás, ante ti mismo. Vives en falso.

La consecuencia primera es que no trabajas seriamente por cambiar, por mejorarte. Tu relación con Dios o se apagará del todo o será rutinaria e incoherente. Por ejemplo: ¿de qué pedirle perdón, si no has hecho nada malo o no sabes qué?¿Para qué pedirás la fuerza de su gracia, si no hay nada que mejorar? ¿Qué sentido pueden tener entonces para ti la oración y los sacramentos?

Esa falta de conocimiento propio viciará también tu relación con los demás. Al no ver tus fallos, pero sí los suyos, aumentarán los conflictos y será imposible resolverlos. Sólo sabrás dar culpa a los otros y exigirás que cambien.

No serás por eso verdaderamente honrado cuando pretendas que los demás se mejoren, aunque se trate de tus hijos. Lo honrado sería poner más empeño en mejorarte a ti que a los demás. Tu vida quedará así llena de mil cosas que te afean a los ojos de Dios y de los demás. Sólo tú te das el visto bueno. En una palabra, tu vida no es cristiana más que de nombre.

Y, naturalmente, el panorama que presentamos un conjunto así es de pena. Cristianos de nombre, paganos de vida. Para vergüenza de Cristo y para vergüenza nuestra nos llamamos cristianos. Estamos desprestigiando al cristianismo y convenciendo a todos de su inutilidad. ¿Para qué puede servir el cristianismo si deja las vidas sin tocar?O empezar a vivirlo de verdad, o dejar de llamarnos cristianos y de aparentarlo.

¡Hace falta un cristiano! Hace falta en la familia. Hace falta en la empresa… Hace falta en la escuela… Hace falta en el arte, en la política, en la literatura… en todas partes.Pero hace falta un cristiano entero. Y no se puede sustituir por nada.¿Cómo lograremos despertar nuestra conciencia dormida?

¿Te has fijado lo fácil que resulta ver los fallos en los demás? Los tenemos ante los ojos y nos molestan. Se trata, pues, de mirar de frente nuestros propios fallos. Nos sentiremos molestos y querremos cambiar.

A eso quieren ayudarte estas páginas. Pueden servirte de espejo. Al verte manchado, no rompas el espejo. Sé valiente y empieza a limpiar.

¿Cuál es tu rostro? Debería ser el de Cristo. Desde el bautismo eres como Él hijo de Dios. El cristiano es otro Cristo. Tu vida ha de ser, por eso, una copia de la suya. Debes tener su mismo rostro: sus virtudes. Pero esa vida del bautismo se te dio en germen, sin desarrollar. Has de ir arrancando los vicios, que es la siembra que dejó en ti el pecado original, y has de desarrollar las virtudes, que es la siembra del bautismo, hasta que Cristo quede formado en ti.

El bautismo hizo un injerto de Vida Divina en ti. Cuando un labrador tiene en el campo un árbol con mucha vitalidad, pero cuyos frutos no le satisfacen, le hace un injerto, y ese árbol empieza a dar frutos sabrosos.

Nosotros, tal como quedó la naturaleza humana después del pecado original, sólo hubiéramos producido frutos desagradables. Con el divino injerto del bautismo quedamos hechos una misma cosa con Cristo. Podemos y debemos dar sus mismos frutos.

¿Cuáles tendrían que ser estos frutos? Una vida de fe, de esperanza y de caridad desarrolladas hasta el máximo. Es una manera nueva, diferente y sabrosa de vivir y enfocar todos los aspectos de nuestra vida personal, laboral, familiar, social… Es adoptar ante Dios, nuestro Padre, y ante los hombres, nuestros hermanos, la misma actitud de Jesús. Es enfocar, como Él, todos nuestros deberes, trabajos, sufrimientos, alegrías… Es lograr, a la vez, nuestra perfección, nuestra felicidad, la gloria de Dios y la transformación de la sociedad, en la medida que depende de nosotros.

Empieza a estudiarte. Irás viendo si tu vida es o no verdaderamente cristiana. Se despertará tu conciencia dormida. Y aunque te veas muy lejos de ser este cristiano que hace falta, no te desanimes. Al final veremos cómo puedes arrancar tus vicios y desarrollar tus virtudes.

Árticulo de D. Juan Moya (Dr. en Medicina y Rector de Caballero de Gracia)

LIDERES CREIBLES Y EFICACES

La responsabilidad de los que son elegidos para representar a un grupo mayor o menor de la sociedad, es tanto más importante cuanto más repercusión tenga en la vida de la sociedad el encargo o trabajo para el cual se le elige. Este principio básico es aplicable a todos los ámbitos de la realidad: desde un entrenador de futbol hasta un representante sindical o de un partido político. Se hace necesario que los hombres o mujeres elegidos por los ciudadanos reúnan las cualidades que se supone debería tener todo buen lider, para que sea verdaderamente creíble y no defraude a los que le han elegido. Muy esquemáticamente pienso que se les debe pedir al menos lo siguiente:

 – Ser una persona sin la menor sombra de doblez o engaño. Su rectitud, su veracidad debe estar abalada por sus obras más que por sus palabras. La incoherencia entre lo “declarado” y lo “hecho” anula la credibilidad.

 – No hace falta que sea un “genio”, pero sí debe ser un hombre o una mujer con una competencia profesional probada en otros campos; por muy buena intención que se tenga, las decisiones acertadas y con criterio no se improvisan. Si una persona no ha destacado en su específico campo profesional –el derecho, la economía, la enseñanza, etc. -, es un riesgo peligroso esperar que pueda desempeñar acertadamente un cargo público, que, como cualquier trabajo serio, requiere competencia, dedicación, capacidad de estudio, orden, constancia…

 – No dedicarse a tareas públicas con el fin primario de ganar dinero. Todo trabajo ha de estar justamente remunerado, pero dedicarse a la “cosa pública” como un “medio de vida” más lucrativo que el que pudiera tener en el desempeño de la propia profesión, no parece que sea deseable, pues es fácil “amarrarse” al cargo a como dé lugar, más por beneficio propio que por verdadero deseo de servir a la sociedad. Además sería una tentación fácil el uso indebido del dinero que esa persona tuviera que administrar.

 – Tener convicciones personales que supongan un verdadero progreso ético en la vida personal, familiar y social. Esto no requiere imprescindiblemente convicciones religiosas, pero sí una concepción ética de la vida acorde con la dignidad de la persona. Entre esas convicciones deben estar el respeto a la vida en todo el arco de su existencia, desde la concepción hasta la muerte natural; al matrimonio (uno con una y para siempre), como la célula esencial de la configuración de una sociedad estable; el derecho a la libertad religiosa y a la educación de los hijos. Los “contravalores” (como el aborto) son tragedias que no van a la raíz de los problemas, para tratar de encontrar las soluciones verdaderamente eficaces, y por eso se prolongan en el tiempo con gran deterioro moral de las personas y de las costumbres.

 – Un gran respeto a las convicciones personales de los demás, que no vayan contra los derechos humanos. Hay que evitar la demagogia y el ataque sistemático a la persona que piensa de modo distinto a uno mismo: es antidemocrático, falta de respeto a la legítima libertad, y hace muy difícil el diálogo constructivo, la búsqueda de puntos comunes que contribuyan al buen entendimiento entre las personas.

 – Por último, pienso que se debe pedir a los que intervienen en la elaboración de las leyes, que no renuncien a configurar o formar la sociedad de acuerdo con unos principios éticos claros. Aunque haya que tener en cuenta lo que a los ciudadanos les pueda interesar, también existe el deber de ayudar a esos mismos ciudadanos a preferir lo que sea más conforme al recto orden moral, no lo que les “venga en gana”. Las leyes, para ser justas, no deben perder su valor formativo.

 Juan Moya